3 Verdades que podemos aprender del Sismo del 7 de Septiembre

"Aunque tiemble la tierra y se hundan las montañas hasta el fondo del mar; aunque se levanten grandes olas y sacudan los cerros con violencia, ¡no tendremos miedo!” Salmo 46:2, 3

 

El jueves 7 de Septiembre, alrededor de la media noche, todos fuimos abruptamente sorprendidos por un violento y prolongado movimiento de la tierra. Lo más firme y estable que conocemos, el suelo, se movía sin que nadie pudiera hacer algo para detenerlo. De un momento a otro, todos estuvimos en nuestros hogares, en las calles, o en nuestras colonias, parados, sólo de pie, esperando a que pasara el sismo. Para algunos, fue un vivo recordatorio de lo que pasó en el terremoto de 1985, y para otros, fue un evento que produce nerviosismo e incertidumbre. Pero, como creyentes, ¿qué podemos aprender? ¿Cómo explicamos estos eventos naturales que provocan miedo y dolor? ¿Cómo es que Dios permite estos eventos? Permíteme darte 3 verdades que podemos aprender de este sismo. 

 

 

Dios, No el Hombre, Está en Control. 

 

Queridos amigos, en eventos como el de este sismo fácilmente nos podemos dar cuenta de nuestra pequeñez. De pronto, por un largo minuto, no había nadie en la faz de la tierra que pudiera detener este poderoso sismo. Con toda nuestra tecnología, con todos nuestros avances médicos y científicos, nadie, absolutamente nadie, podía detener este evento natural. Y después estuvieron las luces verde-azules que resplandecían en el cielo. Una mezcla de energía proporcional al sismo, dieron una espectacular presentación de la gloria de Dios. Y es que como creyentes, entendemos que estos eventos naturales están no sólo bajo el control de Dios, sino bajo su dirección. Desde luego, que Él no lo hace para lastimarnos. Son eventos geológicos que ocurren debido al acomodo de las placas tectónicas. Pero tenemos que entender que no estamos en control, sino que Dios es Soberano. Él tiene control de cada evento que pasa en nuestro planeta. Por lo tanto, no pelees más. No luches más. No quieras tomar el control de tu vida. Tus decisiones, tus preocupaciones,  tus problemas, tus miedos, tus temores, tus sueños, tus metas, déjalos todos en la mano de aquél que controla lo incontrolable. ¿Por qué queremos planear cada detalle de nuestra vida sin darnos cuenta que Dios tiene lo mejor para nosotros? ¿Por qué quisiéramos rechazar la dirección de Dios, si Él dirige todo en el planeta? ¿Por qué quieres comenzar esa relación sentimental con alguien sin la guía de Dios? ¿Por qué quieres emprender un nuevo negocio sin que Dios te esté dirigiendo? No lo hagamos más. Si “el mar y el viento le obedecen,” entonces, nosotros queremos ir bajo su dirección en obediencia a su perfecta voluntad.  

 

 

 

Dios Sabe Todas las Cosas. 

 

Para nosotros fue una sorpresa. El sismo de esa noche no lo esperábamos. No teníamos idea que de una noche a otra, más de 30 personas perderían su vida debido a este sismo. Pero Dios sí. Nada le toma por sorpresa. El Soberano del universo tiene todo bajo su calendario y nada ocurre sin su conocimiento. No hay alerta sísmica que sepa más de lo que Dios ya sabe. Él es omnisciente, es decir, Dios sabe todo. Y si lo piensas por un minuto, eso nos debe dar una sensación de respeto y adoración a Dios. Si Dios sabe cuándo va a temblar, Él también sabe tus más profundos pensamientos y actitudes. Él sabe por qué haces las cosas. Y por más que nos queramos esconder, y queramos aparentar algo que no somos, Dios te conoce. Así que queridos amigos ¡seamos transparentes! Seamos sinceros. Seamos puros. Seamos limpios. No escondas tu pecado. No escondas quién eres. No lleves una doble vida. No lo hagas. No más celos. No más envidias. No más murmuración. No más quejas. No más secretos. No más escondites. No más. Ten una relación con Jesús. El Dios del universo, el Dios que venció la muerte, el Dios que venció el pecado, quiere tener una relación sincera contigo. No antifaces. Sólo amistad. 

 

 

 

 

Dios Quiere que Hables con Otros de Él. 

 

El evento del 7 de Septiembre revela que cada persona tiene temores. Las fotografías de esa noche muestran a decenas de personas de pie en las calles. Tomadas de una cobija, abrazándose unos a otros. Algunos llorando, algunos en crisis nerviosas, y otros sentados en la banqueta con sus manos en la cabeza. Cada uno con diferentes temores. Pero el mayor temor de todos es el de morir. Nadie quiere morir, y aunque no lo sepan, la razón de tener miedo a la muerte es que hay tanta incertidumbre de qué va a pasar después de la muerte. La gente tiene miedo a morir. La gente no sabe la verdad. La gente está confundida. La gente está perdida. Y necesita que alguien vaya y les muestre dónde está la luz. Dónde está la verdad. Dónde está la vida, la vida eterna. Y ¿sabes algo? Tú sabes dónde están todas esas cosas- ahora compártelo. Habla con otros de lo que Dios ha hecho en tu vida. Comparte de su amor con otros. No tiene que ser raro, ni tiene que ser técnico. Sólo diles, “antes estaba perdido, ahora no.” Invítales en una manera casual a la iglesia. Diles, “ven y sólo escucha la Biblia. Tu vida, como sucedió con la mía, va a cambiar para siempre.” 

 

 

Así que amigos, pensemos en estas verdades y busquemos el rostro de Dios.  Y digamos junto al Salmista, “Aunque tiemble la tierra y se hundan las montañas hasta el fondo del mar; aunque se levanten grandes olas y sacudan los cerros con violencia, ¡no tendremos miedo!” Salmo 46:2, 3

 

-Pastor Josué Ortiz